
El 19 de mayo se ha ensañado con Cuba. Este día ha arrebatado dos valiosas vidas, dos baluartes de nuestra Historia Patria.
No era suficiente la irreparable pérdida en los campos de Dos Ríos. Ver caer al Apóstol de la independencia cubana fue el dolor más grande, el golpe más rotundo que pudiera imaginar el cubano. Pero su muerte fue luz y marcó el camino, trazó el horizonte: "sé desaparecer, pero no desaparecería mi pensamiento"

El ejemplo del Maestro trascendería los siglos, y otros hijos andarían el duro bregar de la Nación en busca de conquistar "toda la justicia".
Y nació Oscar, su vocación de sacrificio vislumbró en las calles de Santiago, en los rincones de su batey, en las pupilas de Miranda. En el recuerdo de Mella.

Hoy los recordamos y les ratificamos nuestra fidelidad a la causa por la cual murieron.
En los nuevos escenarios de batalla que nos impone la realidad actual, seguimos en combate, en el cabalgar indetenible en el que nos acompañarán por siempre el Apóstol y el Héroe del Silencio



